Los héroes ocultos de la crisis del Ébola

Este es un posteo doblemente especial. Combine fotografías de John Moore para Getty Images con la traducción de un excelente articulo de buzzfeed sobre la crisis del Ébola en Monrovia. Si queres colaborar con esta causa, podes colaborar con la cruz roja, médicos sin fronteras o cientos de otras organizaciones. Como prueba esta nota, los que hacen el cambio no siempre son las grandes instituciones.

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Monrovia, Liberia- Catherine Jeejuah (30) se está despertando tan temprano estos días que ya no sabe que hora es. No importa, es irrelevante. Se levanta cuando todavía está oscuro, enciende un fuego y hierve arroz y arvejas para sus dos hijos. A eso de las 6:30 am, cuando la luz comienza a aparecer por las ventanas, parte para una escuela cercana.

Allí repite su rutina pero en una escala mayor. Jeejuah y otras dos mujeres, todas son voluntarias, están cocinando para 12 de las personas más importantes (pero invisibles) de Liberia hoy.

Catherine y compañia cocinando para los cientificos

Catherine y compañia cocinando para los cientificos

Las doce comidas son para un grupo de técnicos que analizan la sangre de posibles pacientes de Ébola. Visitan las casas de personas enfermas y centros de ébola sobrecargados. Clavan agujas en las venas de pacientes impredecibles, prisioneros de un virus altamente contagioso. Luego trasladan la sanfre al único labortorio de Liberia, ubicado a más de una hora de Monrovia, la capital.

Los encargados del laboratorio son los primeros en responder ante el Ébola. Ningún paciente puede ser trasladado, ningún cuerpo recolectado si antes no se confirma que en ese lugar hay una persona infectada. El ébola es una virus raro y altamente contagioso que esta arrasando en tres países del este de Afríca: Liberia, Sierra Leona y Nigeria. Casi 2500 personas fueron infectadas con el virus y más de 1300 murieron. Es el mayor brote de ébola en la historía, y el primero en esa zona del continente.

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Los técnicos del laboratorio trabajan 12 horas diarias, seis días a la semana. Las jornadas son más agotadoras desde comienzos de Abril, cuando comenzó la epidemia. Hasta la semana pasada no había nadie que los alimente. Eso cambió gracias a un hombre llamado Jonathan Enders (52) que convocó a esas tres mujeres.

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Enders es un hombre pro activo, con compasión de sobra. Cuando supo que el staff del laboratorio no tenía comida, le preguntó a tres de sus vecinas si querían cocinarles y luego consultó con sus amigos por donaciones de comida o dinero. No pensó demasiado en eso: Tenía que hacerse, entonces lo hizo. Nunca apareció en los medios de comunicación. No ha escrito un jingle para obtener donaciones, ni ha hecho campañas solidarias enormes. Simplemente habló con la gente que confía en él y trató de arreglar un problema que podía no existir.

El Ébola ha sobrepasado a Libereia, en muchos sentidos, sus estructuras y sistemas le están fallando a su gente. Pero también hay muchas historias sin contar de actos de compasión. El tachero que lleva a un paciente enfermo (y contagioso) a un centro de tratamiento. El vecino que le da comida a su vecina abandonada y moribunda. Enders y su equipo, que cocinan para los hombres y mujeres que hacen posible que se sapa que escala tiene la epidemia.

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Enders tiene a una comunidad entera apoyándolo. Sus amigos le han dado: 90 libras de arroz, bolsas gordas de cebollas, litros de aceite y una semilla picante de Liberia que se usa para todas las comidas.

Muchos han donado dinero. “Tratamos de gastar $10 por día” explica. Enders usa el efectivo para comprar papas frescas y para invertir en comidas con proteínas como pescado o pollo. La comida en Liberia es simple: Se hierve el arroz, el resto de los ingredientes se cocinan por separado y luego se junta todo en un gran guiso.

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Con el pasar de los días esos $10 valen cada vez menos. Los mercados de Liberia son complicados. El país nunca produjo su propia comida y ahora que sus fronteras están cerradas, no pueden entrar víveres de afuera. Todos se preguntan si mañana va a haber algo para comprar, entonces los precios suben.

Los especialistas y casi todos los trabajadores de salud saben que el cloro mata el virus y casi todos los residentes de Monrovia también están aprendiendo esto. Cada oficina y cada negocio tiene que tener un balde de agua clorificada en la puerta y cada persona que entra tiene que lavarse las manos.

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Pero sin importar lo que te digan si estás en el lugar biologicamente más peligroso del país se te va a hacer dificil creer que lavar un plato en cloro va a limpiarlo realmente. En estos momentos, incluso la ciencia necesita fe- y la fe es escasa en Liberia. Enders dice: “Parte del miedo aca proviene de la falta de confianza. Lamentablemente uno de los problemas en Liberia es que los rumores permanecen…No confías en la gente que te dice que hacer”.

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Enders tiene experiencia con esto- con el miedo, la escazez, la incertidumbre sobre que reglas te dejaran vivir. Cuando Enders cumplió 35 años, el 6 de Abril de 1966, la guerra civil de Liberia, que sucedió con cortes desde el 1989 al 2003, estalló en la capital. Enders y su familia sobrevivieron por un mes gracias a su torta de cumpleaños.

Ver una comunidad divida por la violencia, es una de las razones que motivan a que Enders se dedique a ayudar a sus vecinos. Es por su dedicación, que se muestra en las escuelas que dirige para chicos pobres, es una de las razones por las que sus vecinos confían en él. Ellos escuchan y consideran sus dichos sobre el ébola. Es por eso que Enders reparte folletos y habla con los vecinos sobre lo que realmente transmite el virus. A diferencia del gobierno de Liberia, Enders transmite lo que los necesitados necesitan saber en un lenguaje que ellos comprenden.

“Tenemos una oportunidad de ayudar que muchas personas no alcanzan. El gozo que tengo es que cada mañana la gente busca recibir algo, ser motivida. Yo estoy dispuesto a estar ahí para ellos.”

No solo se refiere a los trabajadores del laborotorio. La cocina no es solo para alimentarlo. Es también para recordarle a la comunidad que hay esperanza. La esperanza mata el miedo, y la falta de medio fomenta a la confianza entre vecinos.

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Es por eso que Jeejuah visita ese lugar todas las mañana. Nadie hubiera pensado que una mujer como ella podría hacer algo para ayudar- que había algo que una mujer ordinaria y común podía realizar en el medio de un virus desconsarte, y aplanador.

Ella dice que solo quiere ayudar: “Voy a cocinar, hasta que no haya más comida que preparar”

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Traducción del artículo "The hidden Heroes of Libera ebola crisis" de Jina Moore para Buzzfeed.
Fotos de John Moore para Getty Images
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